Es visible a simple vista el proceso de expansión del sistema capitalista: Mediante hambre y explotación se esclavizan y arruinan naciones enteras para facilitar de esta manera la conquista de nuevos territorios por parte del heraldo del capitalismo: EEUU. Todo el mundo conoce el proceso de “liberación” de estados por parte de los norteamericanos para, a continuación, implantar un estado títere fiel a los intereses de EEUU. País a país, el capitalismo se expande por el atlas instaurando partitocracias plutócratas leales al “Dios dinero”, creando una casta de políticos corruptos y banqueros usureros que traicionan los intereses de su propio pueblo en nombre de la libertad y la igualdad.
Sin embargo, oculto a la realidad sensorial, otra lucha se desencadena a nivel mundial dentro de cada individuo, una lucha de actitudes y voluntades, de resistencia y rebeldía ante lo impuesto, una batalla por salvaguardar los altos valores del vacío espiritual que conlleva el capitalismo. El auténtico triunfo del capitalismo no reside en imponer su progenie de traidores renegados, ni en hacer desfilar sus bastardos ejércitos por unas calles recién conquistadas, su triunfo tampoco reside en plagar nuestras calles con sus comercios multinacionales, ni en contaminar nuestras tierras con su polución; Su éxito reside en nuestra derrota interior, sólo cuando aceptemos su forma de vida y sus imposiciones habrán triunfado.
Nuestra resistencia reside en derrocar su bipartidismo, concienciarse contra este consumismo desmedido, abandonar la superficialidad de nuestros tiempos, rehuir de la especulación y la usura bancaria. Pero ante todo nuestra resistencia es de carácter constructivo, pues consiste en sustentar el pequeño comercio local, anteponer el transporte público al privado, concienciarse en la sostenibilidad, socializar los bienes de la nación, asegurar sanidad y educación para todos los ciudadanos, mantenerse fieles a los valores que se desvanecen ante la era del olvido que creó el capitalismo desde hace 200 años, ésta es nuestra resistencia: valores, actitudes, pasiones… no hay ambiciones materiales, ni de poder ni de prestigio, sólo verdad y voluntad, nada más que ofrecer.
Álex Martín Pesudo.
