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11 de enero de 2010

OTRO QUE DICE LO QUE PIENSA (bien o mal) RECORDANDO


Gibraltar inglés

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 13 de Diciembre de 2009



Los guardias civiles son inocentes como criaturas. Tanto golpe de tricornio y bigotazo clásico, y luego salen pardillos vestidos de verde. A quién se le ocurre pedir instrucciones concretas al Gobierno español sobre cómo actuar en aguas próximas a Gibraltar, donde la Marina Real británica lleva tiempo acosándolos cuando sus Heineken se acercan a menos de tres millas del pedrusco, pese a que la colonia no tiene aguas jurisdiccionales. Cada vez que una lancha picolina anda por allí persiguiendo a narcotraficantes y demás gentuza, los de la Navy salen en plan flamenco a decirle que o ahueca el ala o se monta un desparrame, mientras la embajada británica denuncia «inaceptable violación de soberanía». Para más choteo, la marina de Su Graciosa usa boyas con la bandera española en sus prácticas de tiro, a fin de motivarse. Cada vez, nuestros sufridos guardias, «para evitar males mayores y siguiendo instrucciones», no tienen otra que dar media vuelta y enseñar la popa. Y claro. Como el papel es poco gallardo, algunas asociaciones profesionales de Picolandia piden que esas instrucciones se den de forma clara, para saber a qué atenerse. Porque hasta ahora, la única recibida de sus mandos es la de «seguir patrullando por las mismas aguas, pero evitar conflictos mayores». O sea, largarse de allí cada vez que los ingleses lo exijan. Que es cuando a éstos les sale del pitorro.

La verdad. No he hablado últimamente con el ministro Moratinos, ni con el ministro Pérez Rubalcaba. Ni últimamente, ni en mi puta vida. Pero eso no es obstáculo, u óbice, para que desde esta página me sienta cualificado –como cualquiera de ustedes– para despejar la incógnita que atormenta a nuestros picolinos náuticos. ¿Cuándo el ministerio español de Exteriores va a dar un puñetazo en la mesa?, preguntan. Y la respuesta es elemental, querido Watson. Nunca. Suponer a un ministro español dando puñetazos en una mesa inglesa, o somalí, requiere imaginación excesiva. Las instrucciones a la Guardia Civil puedo darlas yo mismo: obedecer toda intimación británica y no buscarle problemas al Gobierno, a riesgo de que los guardias chulitos acaben destinados forzosos en Bermeo, o por allí. Porque si insisten, y los detienen los ingleses, y se les ocurre resistirse a la detención, para qué le voy a contar, cabo Sánchez. Sujétese la teresiana. La instrucción, que ya regía en pleno esplendor cuando gobernaba el Pepé –a ése también se la endiñaban bien–, vale para todo incidente imaginable: desde ametrallamiento de bandera, a copita y puro de la Navy con las zódiacs de los narcos, pasando por submarinos nucleares con tubo de escape chungo y paradas navales con banda de música y majorettes. Por el mismo precio también incluye la opción de desembarco de los Royal Marines de maniobras en las playas de La Línea, como ocurrió hace unos años, y la sodomización sistemática de los agentes del servicio marítimo de la Guardia Civil o de Vigilancia Aduanera a quienes la marina inglesa, al mirarlos con prismáticos, encuentre atractivos. Todo sea por evitar conflictos mayores.

Y ahora, una vez claras las instrucciones –luego no digan que no son concretas–, una sugerencia: podríamos dejarnos ya de mascaradas. De teatro estúpido que ofende la inteligencia del personal, guardias civiles incluidos. Gibraltar no va a ser devuelto a España jamás, y ninguno de los gobiernos pasados, presentes ni futuros de este país miserable, con el Estado sometido a demolición sistemática y los ciudadanos en absoluta indefensión, está capacitado para sostener reivindicación ninguna, ni en Gibraltar ni en Móstoles. Y no es ya que los gibraltareños abominen de ser españoles. En esta España incierta y analfabeta, desgobernada desde hace siglos por sinvergüenzas que han hecho de ella su puerco negocio, lo que desearíamos algunos es ser gibraltareños, o franceses, o ingleses. Lo que sea, con tal de escapar de esta trampa. Huir de tanta impotencia, tanta ineptitud, tanta demagogia, tanto oportunismo y tanta mierda. Largarnos a cualquier sitio normal, donde no se te caiga la cara de vergüenza cuando ves el telediario. Lejos de esta sociedad apática, acrítica, suicida, históricamente enferma.

Podrían dejarse de cuentos chinos. Reconocer que España es el payaso de Europa, y que Gibraltar pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con eficacia, en buena parte porque nadie ha sabido disputárselo. Y porque la Costa del Sol, donde los gibraltareños y sus compadres británicos tienen las casas, el dinero y los negocios, se nutre de la colonia; y sin ésta esa tierra sería un escenario más, como tantos, de paro y miseria. Así que declaremos Gibraltar inglés de una maldita vez. Acabemos con este sainete imbécil, asumiendo los hechos. La Historia demuestra que la razón es de quien tiene el coraje de sostenerla. Nunca de las ratas cobardes, escondidas en su albañal mientras otros tiran de la cadena.

...

Yo recuerdo también a Numancia, Covadonga, Roncesvalles, Lepanto, ... Aquellos españoles "hablaban" con voz ronca de duro acero cuando la voz sorda de las palabras no era escuchada.

WOLF

29 de diciembre de 2009

PENSAMIENTO DISIDENTE


Proverbios del viejo cuaderno

I

Si los oprimidos sólo conocen la opresión
Les quedan entonces dos caminos
Continuar siendo oprimidos
O convertirse en opresores.

II

Si la niñez es la patria del hombre
La vida es una constante migración al exilio.

III

Si hay un dios único
Los otros dioses están de más
Una guerra, podría ser inevitable.

IV

El mito nos vuelve a un tiempo luminoso
La muerte del mito nos devuelve a la oscuridad.

V

La mejor forma de destruir lo elevado
Es hacerlo masivo, y esperar que caiga.

VI

Dicen que los antiguos dioses no volverán
Buena razón tuvieron al irse de este mundo.

VII

Si Dios eligió la cruz
Gloria también a los hombres
Que sin ser dios
Eligieron combatir.

ENLACE

4 de diciembre de 2009

NR


NR

A nosotros no nos dieron
Una bandera prolijamente doblada.
A nosotros no nos dieron
Ninguna pensión.
A nosotros nos deprecia
La izquierda y la derecha.


A nosotros nos soñaron los dioses encendidos
Solitarios señores de la muerte y del exilio.
A nosotros no nos dieron la bandera
Dobladita, de los marines
Porque nosotros somos los abanderados
De los jirones negros del último infierno
Un minuto antes, del Apocalipsis.


Nosotros perdimos todas las guerras
Y entregamos hasta la última gota de sangre
Sin embargo el sol conservó para nosotros
Sus rayos invictos, y su alegría.


Nosotros somos los culpables
De todo lo que dice el noticiero
La suma maldad, el origen mismo
De todos los males.


Es curioso el temor que nos profesan
Si todas las guerras hemos perdido.
Es curioso que quieran
Perseguirnos de nuevo.


Ahora
Que sólo somos la sangre sobre la nieve
La memoria de niños con uniforme
Las espesas cenizas de la guerra civil
La luz cegadora del vacío.


Ahora que somos
El olvido del olvido
Inofensivos héroes del pasado
Hoplitas desnudos, obreros
Poetas, agricultores.


Ahora que somos
La sombra del acero
El eco del silencio
El azotar de las olas
En los desembarcos
La espada dormida del exilio
La desazón de la derrota
La raza extinta de los lobos
El cóndor despeñado
El suicidio ritual
La última rosa cultivada
Antes de subir al tren de los fusiles.


Ahora
Es curioso que el mundo
Esté como está
Si fueron los buenos, los vencedores
Los que salvaron el mundo
Los que doblan las banderas
Prolijamente
Cada vez que un pueblo sometido
Mata a un invasor.


Porque no son los nuestros
Los que arrasaron el mundo
No son las hondas cruces en la nieve
No son las ruinas de Montecassino
No es Mussolini colgado de los pies
Ni su amante Claretta Petacci
No es la División Azul ni la Falange
No es la impunidad de la posguerra
No son los trabajadores
Ni los que se mantuvieron
Fieles a su bandera en la derrota.


A nosotros nos perdió la lealtad y la sangre
La antigua tradición de los guerreros
La fe en el sol y en la semilla
La honradez del trabajo y del cultivo.


Por eso a nosotros nadie
Nos entregará una bandera
De sangre y de vacío
Doblada de vergüenza
De ser desplegada.


Por eso nuestra bandera
Es roja como la sangre
Y negra como la última noche del mundo
Cuando los dioses, preparan el amanecer.


Juan Pablo Vitali